Fin de residencia en el C.A.R
[universidad desconocida]
Jonás ----, Valentina ----, Zahra ----, Linga ---

Es un colectivo brasileño que se gestó en 2017 en Lucerna Suiza, en este último país es en donde actualmente algunos de los que forman este grupo radican, y fue ahí en donde un conjunto de artistas al querer aplicar a una residencia, vieron que necesitaban el respaldo de alguna institución que solventara sus gastos que generarían durante su estancia. Por lo que cuatro de estos artistas, todos brasileños, decidieron crear su propia institución, que es universidad desconocida.
El nombre del colectivo lo extraen del título de un libro del escritor Roberto Bolaño, Jonás uno de los miembros del grupo con quien conversé en varias ocasiones durante su estancia en el CAR, explica así la idea del infrarrealista latinoamericano Roberto Bolaño:
“él dice que todos tenemos una universidad adentro, y que debemos de reconocer el conocimiento que tenemos, el cual es valioso aunque no esté reconocido o legitimado como lo están las ideas que se generan en las universidades o instituciones cuyo conocimiento está reconocido por el mundo occidental”

Este colectivo se activa cuando alguno de los miembros quiere utilizar el nombre. Un ejemplo es que este año a Jonás y a Valentina los llamaron para proponer un proyecto en la Casa do Povo o Casa del Pueblo, un centro cultual ubicado en el barrio Bom Retiro en San Paulo, el proyecto tenía dinero para la producción así como para los artistas invitados.
Jonás y Valentina propusieron trabajar como universidad desconocida para poner en discusión el agotamiento de los recursos de la tierra, de manera que la reflexión giraba en torno a la reutilización y a la no creación de cosas nuevas, para eso proponían una serie de acciones que intentarían poner a debate las cosas que ya existen, analizarlas y desaprender lo que se sabe de éstas.
Dice Jonás que hoy en día en Brasil es un privilegio recibir dinero para la producción de arte, así como dinero para los artistas. Lo primero que hicieron ya como residentes, fue hacer una investigación a nivel barrio para ver qué encontraban para poder abrir sus discusiones en torno a la reutilización. El barrio del Bom Retiro, es un barrio que hoy posee una fuerte atracción a los turistas, esto debido a la gentrificación que ha vivido este barrio en los últimos años.
En sus primeras salidas al “campo” descubrieron que Bom Retiro es un barrio muy ecléctico, en donde destacan grupos sociales como judíos, portugueses, españoles entre muchos otros, cada uno de estos grupos, dice Jonás, tienen un lugar para rezar, una historia, así como una institución que los respalda. Pero, no así los disidentes, o personas que no tienen casa, los cuales están invisibilizados, como los transexuales, grupo vulnerable que por necesidad vive en la calle y padece de hambre.
Vivir en la calle, apunta el artista, es muy común en Brasil en donde hay mucha gente pobre que no tiene dinero para comprar comida, además, dijo Jonás, el 95% son afrodescendientes, lo que deja ver que históricamente la gente marginal en Bon Retiro son los grupos que han estado dominados por los grupos europeos que han sido los colonizadores históricos. Jonás explica que son las personas afrodescendientes quienes nunca han tenido la oportunidad para sobrevivir la violencia del sistema capitalista.
Universidad desconocida después de sus recorridos por el barrio, formuló una serie de cuestionamientos, estos iban enfocados a la crítica del sistema de consumo de alimentos. De manera que crearon un especie de contra sistema que operara para que la gente que vivía en la calle dejara de ser invisible.
Hicieron una serie de recorridos por los mercados del barrio para entender cómo es que trabajaban en los mercados abiertos, según Jonás, se tira mucha comida que todavía se puede usar, esto dice Jonás es una constante global en donde hay que reflexionar.
“Nos dimos cuenta que mucha comida no se vendía porque no estaba estéticamente apetecible, para la gente que podía comprarla. Nosotros encontrábamos manzanas, piñas, mangos, lechugas en perfecto estado y que prácticamente estaba ya en la calle. Encontramos muchos frijoles verdes, coliflor, brócoli y lechuga con los que hicimos grandes ensaladas”
El problema de la comida que se deshecha en los mercados en Brasil para Jonás, es una cuestión de estética:
“si tienes una fruta grande y bonita con buen color, seguro que la van a agarrar y comprar, pero si tienes una fruta con un golpe o con un color no tan llamativo esas no las compran”
El proyecto de universidad desconocida era llevar toda esa comida, la cual era escogida con cuidado, para ponerlas en cajas y llevarlas a la Casa do Povo para cocinar. Ellos propusieron que la comida sería gratis para quien no pudiera pagarla, y tendría un costo para los que pudieran pagarla, con este nuevo sistema crearon lo que Jonás llama un circuito de responsabilidad social:
“yo cocinaba gratis, porque había gente que no podía pagar por comida, nosotros creemos que todos deben tener la oportunidad de comer buena comida, hay muchas personas que comen bien todos los días de su vida, y otros que no tienen ninguna oportunidad de hacerlo. El sistema que hicimos fue el siguiente; el que tenía dinero podía pagar por la comida, podía pagar por mi trabajo y por el de Valentina, pero, también pagaría por quienes no tienen dinero para comprar comida. Así que durante nuestra estancia pusimos todos los viernes de cada mes, una mesa larga que salía de la puerta de la Casa do Povo, abarcando también parte de la calle. La gente que iba a comer, eran personas que vivían en la calle y que llegaban ahí porque les avisábamos previamente sobre el proyecto que estábamos haciendo, en donde estábamos cocinado para ellos.”

La experiencia en el CAR para Jonás fue muy parecida a la que vivieron entre abril y mayo en la Casa do Povo en Brasil. La idea principal de este colectivo era la de hacer como en su anterior residencia, una investigación a nivel barrio para entender cómo se vende principalmente la fruta y la verdura en los mercados y fruterías que hay en algunos de los barrios del distrito de Ciudad Lineal. El colectivo puso en marcha una serie de experimentos para entrar en contacto con los vendedores y tratar de obtener la fruta y verdura que ellos mismos ya no ponían a la venta.
La experiencia de este experimento, es que se desperdicia mucha comida solo porque se quiere vender la mejor, y que los que piden lo que no se vendió no son bienvenidos. Según Jonás esto tiene que ver con la “fachada” de cada uno que si uno es blanco y rico, claro que le darían la comida aunque ya no sirva, pero a nosotros que no tenemos una “fachada” de una persona rica o blanca no nos dan la comida, lo que deja ver que tanto en Brasil como en Madrid hay mucho racismo de por medio, el artista dice que mientras seas blanco y parezca que tengas dinero para comprar comida incluso te la pueden regalar, pero si tienes un aspecto marginal o “pobre” no te dan nada.
“Los que venden comida no dan nada a la gente que realmente lo necesita o que quiere hacer algún trabajo con ella, la comida solo se da si eres blanco y si eres guapo, y bueno al contrario de Brasil, aquí en Madrid te pueden multar si te ven buscando comida en los botes de basura, hurgar en la basura está prohibido, y quien lo hace es porque es un inmigrante o un marginal”.

En una primera salida al “campo” con Jonás y Valentina, la idea era tomar unas muestras en algunas de las fruterías y mercados de esta calle. Lo que encontramos fue que los vendedores se molestaban si les pedíamos fruta o verdura que no quisieran, ellos se negaban a dar aunque la tuvieran, en un par de ocasiones aunque de mala gana nos permitieron llevarnos la fruta que tenían en una caja aparte y la tenían ahí porque tenían algunos golpes, pero estaba perfectamente para los fines del experimento.
En otras fruterías no quisieron ni siquiera que tomáramos la fruta que ya tenían elegida para ser retirada, y nos mandaron directamente a los contenedores de orgánicos para ver qué podíamos encontrar. En otra tienda la fruta que ya no querían la remataban así; dos kilos de calabazas o zanahorias por 75 centavos.
Muchos de los vendedores no entendían por qué queríamos llevarnos la fruta o verdura mala cuando ellos vendían la mejor fruta, ese shock que les provocaba el experimento me contaba Jonás también lo vivieron en Brasil en donde la gente que vendía tampoco reaccionaba bien a lo que se le pedía que era el tomar la comida que ellos ya no querían.
Con lo que este colectivo brasileño juntó de las muestras que iban tomando de las tiendas de frutas y verduras, así como de otras muestras que les llegaban a sus manos hicieron pequeñas montañas de materia orgánica como cabello o muestras sui generis que se encontraban. Este material orgánico lo tuvieron primero en exposición/descomposición, para luego utilizar todos estos detritus como composta.

Los brasileños dejaron en el CAR una pieza titulada “Still Alive” que es una lombricomposta que se quedará en el centro para fomentar este trabajo con las lombrices, como una metáfora del ciclo de la vida, en donde las lombrices son quienes al comer la basura orgánica, producen o excretan tierra, que se puede utilizar como fertilizante natural para las plantas, con lo que se da pie al comienzo de un nuevo ciclo de vida. La idea también es que esta lombricomposta sea alimentada de los restos orgánicos que se generan en la cocina del CAR, y que se pueda mostrar su proceso a los vecinos que quieran entrar al arte de la lombricultura.
“Durante el mes de residencia, cuestionamos el acceso a comida. Para cuestionarlo, nos desplazcamos hasta los animales que limpian e los subterráneos que cagan la tierra e empiezan la descomposición orgánica. Buitres, lombrices de tierra, cucarachas. Utilizamos la práctica de crear tierra como un símbolo a priori para la construcción de cuerpos disidentes de género y sistema, marginados de ciudades cis-centradas. Observar la descomposición de los organismos vivos y su transmutación en materia fértil, hace posible refutar la separación de la tierra, herancia colonial, e integrarse con él, para pensar en una medida de temporalidad que no reprima existencias. Crear tierra es un gesto íntimo.”

Puedes descargar la publicación del proyecto Still Alive aquí
o comprar una copia impresa en el C.A.R
CAR - Centro de Acercamiento a lo Rural
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